Los capítulos I, II y III tienen como
problemática común la presencia del Estado en tanto acción reguladora y de
control. El primero de ellos, con autoría de María de los Milagros Pierini y
Silvio Rotman, presenta el contraste entre las normas decretadas y las
realidades concretas en relación con la función adjudicada a la escuela
primaria como “la presencia del Estado homogeneizando, argentinizando e
integrando a la población a la Nación”. Estado, sociedad civil, concepciones y
acciones políticas recorren el trabajo desde fines del siglo XIX hasta el
primer peronismo inclusive. En el segundo capítulo Dina Rozas aborda el tema
centrado en la enseñanza media en Santa Cruz desde la etapa territoriana hasta
los comienzos de la provincialización, con una investigación acotada de 1921 a
1957. Su punto de partida son preguntas significativas y en ellas se destacan
las presencias y las ausencias, las promesas y (o no) realizaciones, destacando
el papel cumplido por las municipalidades y la sociedad civil. El tercer
capítulo aborda una temática casi ausente en el campo de la historiografía
argentina, por lo menos hasta hace poco tiempo y con poca producción todavía.
Al analizar la escuela carcelaria de Río Gallegos, María de los Milagros
Pierini y Pablo D. Navas retoman la discusión sobre adultos analfabetos o
marginación pedagógica y rastrean las políticas nacionales aplicadas sobre el
particular y su aplicación en los avatares de la cárcel de Río Gallegos desde
1916 en un recorrido durante la época territoriana. La educación como
dispositivo moralizador y resocializador, la cárcel como reeducadora, las condiciones
de vida y los castigos, el problema de los maestros, son ejes sobre los cuales
se construye el relato. Los capítulos IV y V podríamos ubicarlos en la
perspectiva de mirar la presencia del Estado a través de símbolos: docentes,
alumnos, textos, empresas, trabajo. En el primero de los trabajos Juan Domingo
Ruiz aborda la visión que se tenía de la niñez en Santa Cruz en un trabajo que
abarca desde 1904 a 1933, basado en documentación oficial pero fundamentalmente
en publicaciones periódicas y en libros de lectura. Aparecen en su texto un
conjunto de temas realmente significativos: idea de la función de la mujer, el
problema de la etnicidad, la cuestión de los maestros diplomados normalistas,
el extranjero y la educación patriótica, todo ello anclado en conflictos
sociales/conflictos de clases. Y en ese entramado la concepción naturalista de
la niñez –“asemeja la educación infantil con el cultivo y cuidado de las
plantas”– y por lo tanto el valor decisivo de la cultura que disciplina y pone
orden. En el capítulo V Graciela Ciselli aborda el análisis específico de una
escuela en los alrededores del actual Comodoro Rivadavia y su vinculación con
una empresa petrolera privada. Resulta sumamente interesante la documentación
utilizada: diario de un docente, actas de la escuela, actas de la asociación
cooperadora, materiales de difusión de la empresa, entre otros. Su mirada,
desde una perspectiva básicamente foucaultiana, trabaja la relación entre los
problemas propios de la región (población inmigrante, diversidad de lenguas,
dispersión poblacional, dependencia total de la empresa) y su intención así
como los específicos escolares (número de alumnos, características de los
maestros, edificios escolares). Su trabajo sobre una escuela en particular no
omite el conjunto escolar de la región concluyendo que la escuela era “un lugar
de disciplinamiento y control para reproducir las fuerzas de trabajo que la
empresa requería y el espacio de difusión de la cultura nacional”. Los
capítulos VI y VII abordan temáticas cronológicamente más recientes vinculadas
con el papel del Estado en la transferencia de escuelas nacionales a las
provincias y con la cuasi-desaparición de escuelas rurales, temas sobre los que
comparten su interés la Historia de la Educación y la Política Educacional. El
escrito de Ariel Nicolás Sarasa sobre la transferencia de las escuelas
nacionales a la provincia de Santa Cruz tiene una factura un tanto particular.
Su intención es evidentemente poner en su lugar la cuestión que involucra
específicamente a la provincia y que ha sido objeto de trabajos de todo tipo,
casi siempre enfocados fundamentalmente desde perspectivas centralizantes y
generalizadoras, sin abordar las particularidades regionales. Se realiza una
revisión crítica de la bibliografía y se lo contrasta con los datos empíricos
que surgen de una investigación desde el ámbito provincial. Puede tomarse como
una conclusión lo que el autor plantea como una hipótesis al decir que “el
gobierno provincial actuó como sujeto político asumiendo la provincialización
de las escuelas primarias nacionales como proyecto propio y como respuesta a la
necesidad de extender y controlar la educación”. La propuesta presentada por
Jorge Oriola sobre el cierre de escuelas y el éxodo rural en el Noroeste de
Chubut en el período 1970-2000 presenta, con un tono crítico y militante, una
reconstrucción basada fundamentalmente en relatos de vida, en fuentes orales y
en testimonios fotográficos. Aborda una perspectiva de Historia Oral y
relativiza sus propias afirmaciones a partir de problematizar el concepto de
representaciones. Analiza las concepciones vigentes, las figuras del maestro y
de los alumnos y analiza estrategias que en su momento dieron resultados como
los albergues escolares y las escuelas con internado. Los cambios en las
condiciones económicas y sociales, la supresión de medios de comunicación y las
necesidades de búsqueda de nuevas formas de subsistencia, entre otras, están
presentes en esta problemática que parece ya irreversible. Podemos hablar aquí
más de ausencia que de presencia del Estado. Por último los capítulos VIII y IX
dan entrada a otro actor importante en el terreno de la educación, la Iglesia;
en esta región la relación Estado-Iglesia va a estar mediada por una presencia
muy marcada de la congregación de los salesianos. En el capítulo VIII María de
los Milagros Pierini aborda esta relación desde los comienzos de la educación
en Santa Cruz. Analiza su accionar en el campo educativo y social –sistema
preventivo en lugar de sistema represivo–, sus relaciones con el Estado –del
cual recibe apoyo y mantiene relaciones cordiales y autonomía de
funcionamiento–, los conflictos de competencia con las escuelas públicas, y su
coincidencia con los gobiernos conservadores y peronista en su tarea de
civilizar y argentinizar con moralidad. Tal vez un párrafo pueda servir de
síntesis para este trabajo: “…en la Patagonia la tarea educativa desarrollada
por los salesianos fue la más importante, la que alcanzó a todos los grupos
sociales y no sólo los sectores populares … y la que le permitió trascender los
límites de lo religioso”. En el último trabajo, el capítulo IX, Gabriel Carrizo
presenta al Estado y la Comunidad salesiana como entidades que pasan de
situación de conflicto a una más estable y permanente de complementariedad;
ubica su investigación en los yacimientos petroleros de Comodoro Rivadavia de
1914 a 1961. Esta transición está motivada no sólo por transformaciones en las
condiciones económicas regionales sino por algunas modificaciones en las
actitudes del Estado y de la Iglesia Católica. Esto le permite establecer
etapas y analizar tanto la formación de los trabajadores que necesitaba YPF e
incluso la formación de la élite ypefiana así como motor de la neutralización
de los conflictos gremiales y políticos. En sus conclusiones puede afirmar que
“… la Escuela de Artes y Oficios de 1938 coronó la relación entre Iglesia,
Estado y Ejército, materializada en una propuesta educativa, vinculación que se
fortaleció aún más luego del golpe de estado de 1943”. Los trabajos son serios,
medulosos, variados y muestran el esfuerzo puesto por un grupo de
investigadores jóvenes, y otros no tanto, en la constitución de una historia de
la educación de la Patagonia Austral. (Edgardo Ossanna)